Territorio y fundaciones comunitarias

Gabriela Videla



Introducción


Territorio es la porción delimitada de tierra y su geografía (con sus territorios aéreos y marítimos) que pertenece a una nación, región, provincia, ciudad, aldea, que corresponde a una jurisdicción. Alguna vez fueron de nadie y fueron descubiertos. Otras situaciones: fueron tomados, arrebatados, conquistados.


Territorio es un concepto empírico y a la vez teórico y metodológico. Describe el desenvolvimiento espacial de los ámbitos cultural, social, político, económico, con definición jurídica y geográfica.


Territorialidad es la característica que adquieren las cosas o hechos jurídicos que se encuentran en un territorio.


Las fundaciones comunitarias: se desarrollan en territorios específicos, delimitados (localidades, ciudades, provincias, barrios, etc.). Además, podemos hablar de territorios culturales, lingüísticos, históricos, etc.


Para las fundaciones comunitarias, la vida comunitaria sucede en territorios. La razón de ser de las fundaciones comunitarias es fortalecer a las comunidades con sus habitantes, a partir de su imaginario de vida colectiva, de sus propios proyectos y en su diversidad de formas colectivas de organización para subsistir plenamente en su territorio, en diferentes aspectos y situaciones, con sus relaciones e interrelaciones comunitarias. Entonces, el territorio para las fundaciones comunitarias son los habitantes (es decir los que habitan el territorio) con sus condiciones, circunstancias y vínculos (historia, experiencias, imaginario, organización, etc).


Un hecho básico: no hay comunidad sin habitantes que habilitan la casa y las relaciones familiares, sociales, comunitarias con sus logros, crisis, intercambios, soluciones, organización del espacio, de la vida social, cultural, económica.


Las comunidades son históricas: cambian en el devenir del tiempo tanto por sus procesos internos como por los procesos políticos, sociales, económicos, culturales, tecnológicos, u otros de sus localidades, vinculadas o influidas por los ámbitos regionales, nacionales o globales, como los cambios climáticos y tecnológicos que van a influir en las condiciones de vida de toda la humanidad. El mismo territorio físico es transformado por el tiempo humano, las circunstancias históricas, las relaciones que se establecen con otros grupos humanos, etc.


Las organizaciones no permanecen inmóviles e inamovibles, sino que se ven arrastradas por las circunstancias y también por los cambios y transformaciones culturales de los integrantes de dichas comunidades.



El significado de habitar

Manuel Saravia Mariscal (España) busca en los textos de Iván Illich lo que significa para este filósofo el hecho de habitar.


Nos dice que Illich en “El mensaje de la choza de Gandhi” (1978) dice: “habitar es un arte. Únicamente los seres humanos aprenden a habitar” e insiste en la profunda relación entre habitar y vivir, y en sus derivaciones: la habitación como huella de la vida (nunca acabada, nunca plenamente planificada), florece y decae al compás de los esplendores y fracasos de sus habitantes.


Saravia remarca que para este autor “habitar un territorio es marcarlo, pero también recorrerlo y reconocerlo, es caminarlo”, en referencia a la capacidad innata de los seres humanos de moverse y a lo que el monopolio del transporte lo hace innecesario o inútil con la consiguiente pérdida de una relación profunda con el territorio.


Illich señala que, en este ámbito, como en otros, ha habido una pérdida. Dice que “la equiparación de habitar con vivir procesos fue de una época en la que el mundo era habitable y los hombres habitantes. Toda actividad se reflejaba y repercutía en la habitación. La habitación era siempre huella de la vida”, una huella que podía adoptar múltiples formas, pero siempre dejar rastros, señales, vestigios, igualmente en los barrios en las ciudades, resume Saravia.


Agrega que “habitar un territorio es tomarlo y marcarlo incluso con nuestras emociones, sentimientos e ilusiones, equilibrios que hay que garantizarlos con la movilidad, el descanso, la conservación. Tres facetas radicalmente amenazadas


Afirma: Habitar un territorio es convivirlo. “Una relación convivencial que siempre es nueva. La convivencialidad es la acción de las personas que participan en la creación de la vida social”. Para Illich, trasladarse de la productividad a la convivencialidad es sustituir un valor técnico por un valor ético, un valor material, por un valor logrado.


Sigue: “Habitar una región es sentir, asumir, valorar la presencia de las comunidades que la pueblan, lo que significa, en primer lugar, el derecho a un habitat comunal”. Este espacio fuera del propio hogar son las zonas comunales que sirven a muchos grupos y a cuyo uso todos tenemos derecho, aunque solo en la forma comúnmente reconocida por la comunidad.


Resume su pensamiento: Habitar un mundo significa depender de otros en el acto mismo de habitar (y asumir esa dependencia personal) e intervenir en su transformación humana: participar. En este sentido, “participar significa vivir y relacionarse de un modo diferente, sobretodo implica la recuperación de la libertad interior propia, es decir, aprender a escuchar y compartir, libre de cualquier miedo o conclusión, creencia o juicio predefinidos, esa libertad habilita a uno para el florecimiento de la propia vida, pero también para contribuir de forma significativa a la lucha por una mejor vida de todos los demás”.


Habitar un territorio es construirlo, atendiendo al impulso natural a la construcción, excluyendo el uso de herramientas opresoras, reconociendo que en los últimos tiempos, la evolución de la construcción de la ciudad se ha dirigido en sentido contrario.


Habitar un territorio o ciudad también es entenderla, comprenderla, son hechos culturales, incluso aprender y desaprender. Aprender a renunciar a lo que lastima la vida, lo que es inhumano (ejemplo conjuntos habitaciones, sin espacios vitales). No cabe sino entenderlo a través de los hábitos de conocimiento. [1]



Defender el territorio

La irrupción de las grandes empresas de alimentos, de la minería o de bienes raíces para la industria hotelera o las mansiones de personas ricas o influyentes en los territorios de comunidades de pueblos originarios o núcleos campesinos ha puesto en riesgo el modo de vida tradicional de esas comunidades.


En la voz de Pedro Chávez, comunero de Cherán, Michoacán, “territorio no es algo que se marca con una línea, territorio es agua, es aire, es la vida misa, es donde se da finalmente el modo de pensarnos, el modo de vivir y el modo de definir lo que hacemos o el papel que nos toca jugar ante lo que somos en este mundo”


Ante los numerosos casos de despojos de sus tierras y del desplazamiento de comunidades enteras, la defensa del territorio se ha vuelto la lucha central de muchos pueblos. La defensa del territorio se ha vuelto la lucha prioritaria y en el participan hombres, mujeres y niños. Por ello, “defender el territorio para Cherán es defender la vida misma, se traduce en defender los bosques, en defender la seguridad, en defender la justicia, y reconstruir el territorio”, explica este líder comunero.



Una experiencia comunitaria

En la Comunidad indígena de Xoxocotla, Morelos, la Fundación Comunidad en conjunto con un Centro Cultural local llevó a cabo un proyecto de reconstrucción de viviendas luego del sismo de 2017, con un centro cultural, de gran raigambre comunitaria.


Del libro “Memoria y Resistencia en Xoxocotla”[2] en el cual participé como coordinadora y que publicó el proceso de reconstrucción, desde la óptica de esta comunidad, extraigo un bello relato. Sobre el significado de la casa para esta comunidad nahualt. Destacaré, un aspecto que corresponde al imaginario, es decir a las raíces y la cultura del pueblo de Xoxocotla, y que hace espejo con este planteamiento de Jesús Betancourt:[3]


“El territorio tiene también una dimensión más sutil: el imaginario. Las organizaciones se asientan en un entorno geográfico marcado por la identidad cultural de sus habitantes. Cuando hablamos de comunidades, estas se sienten parte de un lugar “x” que tiene evocaciones a raíces, a sueños compartidos, a visiones de futuro que engendran un sentido de pertenencia. Sus habitantes dicen “los de este lugar somos de tal forma y nos gusta esto y aquello”, muchas veces como un factor de identidad cultural compartida, asociado a la pertenencia a un paisaje único. Ese paisaje es geográfico y también cultural, asociado a una historia y un pasado, a una memoria, a una aspiración”.


Aquí el relato de Marco Tafolla, miembro de una familia de varias generaciones en esta comunidad integrante del pueblo nahualt, dirigente comunitario y gestor cultural:


“En Xoxocotla, la casa más que un inmueble, es un espacio que, bajo una lógica comunitaria -basada en la tradición cultural indígena, es una instancia de formación donde los pactos más íntimos y necesarios para mantener la vida se ejercen, se enseñan, se preservan, se fortalecen.

Por ese motivo la casa tiene una razón de ser basada en la forma de ser y hacer la vida cotidiana y lo extraordinario. La casa es donde se guardan los recuerdos. La casa que en sí misma es un recuerdo de esfuerzos, luchas, carencias e ilusiones, donde se enseña a tener el corazón humano, el antiguo compromiso de vivir en colectivo con todo lo que eso implica: organización, tolerancia, inclusión, honestidad, valor, responsabilidad.


En los muros de las casas se cuelga el árbol genealógico, las huellas de los pasos de la familia materializados en recuerdos de excursiones, fotografías en cuadros, adornos, sombreros, entre otras cosas. Es en la casa donde hay un vínculo con la divinidad en lo más íntimo del altar; allí se habla con los familiares que ya no están con nosotros, se comparten las cosechas a la muerte, a nuestros difuntos y no hay exclusión pues la vida y la muerte van de la mano. La cocina con el clecuil o la estufa de gas -que siempre están unidas al comedor, o son el comedor mismo- es el mejor espacio de acercamiento donde se comparte la comida, se integra la familia, se colabora. Por tradición se enseña a servir a los demás. La casa, que también lo son el patio, el huerto, el corral (cuando todavía los hay), los gallineros y las bodegas, es esencial para la construcción de la comunidad, en la cual las mujeres tienen un papel primordial.


Los huertos o patios son espacios de gestión y trabajo primordialmente femeninos, con ayudas puntuales de los hombres, jóvenes y niños (…) la función principal es aportar recursos complementarios a la base de seguridad alimentaria de la unidad familiar, que a pesar de sus pérdidas, se sigue sosteniendo (Guzmán, 2009).


Además, en las casas se siembran los ombligos, se vela al familiar difunto, se asolea la cosecha, se vuelve espacio de la fiesta, de los arreglos de boda, de reuniones con la familia nuclear o la familia extendida. Se recuerda el pacto de que cada miembro debe aportar algo para hacer el mundo, ese mundo que se crea en la casa, que se replica en el barrio y crece en la comunidad entera. También se guardan las camionetas, las moto taxis o los comales de la señora que vende tortillas o gorditas.


Los efectos avasallantes de la modernidad, concebida por una lógica capitalista e impuesta por una cultura hegemónica, han obligado a los cambios mediante lo intenso de los procesos educativos en la escuela, los medios de información, las religiones, las políticas públicas y programas sociales. Sin embargo, también hay respuestas de gran resiliencia, de superar las desgracias, alimentada por los repertorios culturales con los que se construyen caminos para seguir resignificando la identidad cultural, el apego al territorio, la continuidad histórica."

Por lo descrito anteriormente, no entendemos la reconstrucción del inmueble sin la reconstrucción del tejido social y cultural. La causa del presente proyecto de Reconstrucción Integral en Xoxocotla, es la reconstrucción del territorio cultural. La crisis que nos dejó el sismo del pasado 19 de septiembre, no solo significa para nosotros destrucción, muerte y desastre, también se constituye en la oportunidad de reflexión, de análisis, de aprendizaje con el objetivo de incidir en el cambio de paradigmas. De hacer visible la gran necesidad y vigencia de nuestra lógica comunitaria que empodera a la gente y la hace proactiva. La hace sujeto de derecho en la construcción de la comunidad. La dignifica a pesar de la desgracia.



Una experiencia personal

La pandemia, en la larga etapa de confinamiento en casa, en esta etapa de mi vida, me dio una nueva oportunidad de crecimiento al ser invitada a una comunidad virtual.


En el barrio de clase media donde vivo hace años se instaló el Centro Cultural Dragón de Jade, a dos cuadras de mi casa. En mi ajetreada vida solo en pocas ocasiones asistí a algunas clases o actividades de teatro y yoga, aunque me daba cuenta de la intensa actividad formativa en disciplinas de teatro, danza y artes marciales.

Cuando este encierro obligado traía como única perspectiva vivirlo en solitario, con los mayores cuidados para una pareja de ancianos sin familiares cercanos y con algunos problemas de salud previos, recibí la llamada de Jesús Betancourt, director de este centro para invitarme a unas tertulias sobre filosofía, vía Zoom, ya que la pandemia obligaba al centro a permanecer cerrado.


De pronto, ahí estaba yo en la pantalla, con otras personas adultas, hombres y mujeres más jóvenes que yo. Interesante, nunca le había entrado así de directo a la filosofía, ni a pláticas virtuales. Lila Villareal, maestra de Filosofía de varias generaciones de jóvenes de preparatoria era la anfitriona. Nos trajo los planteamientos que en la Antigua Grecia hicieron Aristóteles y Sócrates en sus diálogos sobre el Amor con discípulos y colegas.

Nosotros también teníamos ideas sobre el Amor. Nuestros diálogos fueron profundos, apasionados a veces: nos llevaban a nuestras propias experiencias en la vida, que ya estábamos compartiendo como si fuéramos antiguos colegas y amigos. Descubrí que no tuve oportunidad de estudiar filosofía, pero que la vida me había enseñado una profunda filosofía. Fueron meses placenteros, desafiantes, tiempo de encuentro vital con otros seres humanos en una pantalla. Nos sentimos amigos, compañeros, solidarios y reales.


Después siguió mi presencia, hasta la fecha, en la pantalla del Dragón de Jade en las sesiones semanales de la disciplina del Gi Cong y en los ensayos del Coro Tiempo de Sabiduría, con las maestras Ana Sandoval y Erika Aguirre respectivamente, con prácticas nuevas y desafiantes, con algunas compañeras de la tertulia y otras nuevas para mi. Esta red de amigas que cantamos es una semilla de organización, de solidaridad, una red de cuidado de la salud de cada una.


Encontré una nueva comunidad, que me recibió como la persona de más edad del grupo, que me respetaba, y a veces alababa mis opiniones, que me hizo sentir acogida, querida, que valoró mi larga trayectoria social, profesional y literaria, que quiso leer mi poesía y mis cuentos y sacar lecciones de ellos.


Me pregunto si estas inéditas experiencias surgidas de la pandemia que está viviendo la humanidad quizás nos están imponiendo los “territorios virtuales”. El balance de lo positivo y negativo que nos deja, aun no lo hacemos como sociedad.



Que tomar en cuenta por una fundación comunitaria para definir y actuar en un territorio específico.

(Estas son consideraciones surgidas de mi visión y experiencia personal)


1. Hacer recuento de trabajos anteriores en determinados territorios.

2. Ubicar las personas y organizaciones con las que se ha logrado mayor colaboración y empatía, vínculo, trabajo exitoso realizado y que compartan objetivos, visiones, valores.

3. (En caso de un trabajo inicial realizar un reconocimiento de territorio, con sus actores, historia, problemáticas, etc., interiorizando no sólo el paisaje geográfico y social, también el paisaje cultural de ese territorio: ayudará a establecer acercamientos y nexos emotivos para apoyar o impulsar proyectos, alianzas, acciones.

4. Vincularse a través de organizaciones reconocidas que tienen vínculos positivos con las comunidades que podrían interesarse en acciones conjuntas.

5. Vincularse a la o las comunidades a través de contactos que compartan sus criterios.

6. Asumir solidariamente hechos, situaciones que estén conmoviendo a las comunidades (desastres, celebraciones, problemas críticos, propuestas, etc.)

7. Sobre el tema de posicionar a la fundación comunitaria en un territorio:


a) Ante quienes:

- ante las comunidades

- ante los donadores o posibles donadores

-ante diversas organizaciones civiles

- ante las autoridades


b) Cómo presentarse:

- A través del trabajo y resultados (los cambios no suceden rápido, salvo excepciones)

- El mejor y más efectivo posicionamiento tiene que ver con la satisfacción de la Comunidad.

- Cuando las comunidades reconocen, valoran y dan a conocer que la Fundación Comunitaria les ayuda sin más interés que su desarrollo y que no buscan lucirse o tener ventajas con el trabajo de ellos, se logra el mejor posicionamiento.

- Igualmente cuando estas comunidades logran ser y percibirse como asociados (socios) en un mismo proyecto.

8. Que papel puede jugar una fundación comunitaria en una situación de crisis.



[1] Ensayo de Manuel Saravia Madrigal. Ciudades Para Un Futuro Mas Sostenible, Boletin Cf+S, Marzo 26, 2004, Valladolid, España. [2] Memoria y Resistencia en Xoxocotla. Varios autores. Morelos, México 2019. [3] Jesús Betancourt, Documento Dragón de Jade, 2021.
Publicaciones recientes